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Marella Agnelli

noviembre 23, 2011

Si los italianos tuvieran que buscar una monarquía, sin duda los Agnelli sería el clan destinado a ocupar el trono. Si tuvieran que nombrar a una reina, la única digna de ostentar la corona sería Marella Agnelli.

Marella en 1948.

Avedon llegó a decir de ella que era la mujer más hermosa que había fotografiado. De porte regio y estructura ósea aristocrática, esta italiana –de madre americana- descendiente de la antigua nobleza napolitana, se casó (vestida de Balenciaga, claro) con Gianni Agnelli, nieto y sucesor de uno de los fundadores de Fiat.

La boda de Marella con Gianni Agnelli en 1953.

Los Agnelli son conocidos como los Kennedy italianos y, como le sucede a la familia norteamericana, su historia está llena de accidentes y muertes en extrañas circunstancias. Tampoco están libres de peleas y disputas. Épica es la lucha entre Marella, su hija Margherita y sus nietos, John, Lapo y Ginevra Elkann por la cuantiosa herencia a la muerte de Gianni.

Como cualquiera que se precie, ella también ha sido retratada por Warhol.

Marella trabajó como asistente de Erwin Blumenfeld y publicó muchas de sus fotografías en Vogue. Tras su matrimonio se convierte en una habitual en las páginas de moda y sociedad de la época y junto a su marido comparte amistad con Truman Capote, Andy Warhol o Henry Kissinger.

Marella Agnelli en 1953, captada por la lente de Avedon.

La imagen más famosa de la aristócrata italiana es esta fotografía, tomada por Richard Avedon en Nueva York, en diciembre de 1954. La imagen pertenece a una serie de retratos que Avedon realizó para Harper’s Bazaar, que pretendían definir la belleza de la época. Fue publicado en el número de abril de 1954, en un reportaje que incluía célebres instantáneas de Audrey Hepburn, Gloria Vanderbilt y Leslie Caron. Todas las fotografías comparten el mismo ADN: utilizan una luz frontal intensa que produce dramáticas sombras y que enfatiza los rasgos de las protagonistas.
Avedon fotografió a Marella Agnelli en varias ocasiones más, pero sin duda ésta es la imagen más icónica de la italiana. Supo captar la grandiosidad de su nariz aristocrática, la gracia del perfil y la intensidad de la mirada en una imagen limpia y a la vez inolvidable.

Marella y su marido en un baile en blanco y negro celebrado por Truman Capote en 1966.

A las afueras de Turín hay una pequeña galería de arte donde están expuestas las obras que ella y su marido coleccionaron a lo largo de su matrimonio. Menos de 30 pinturas, de artistas como Picasso, Canaletto o Modigliani, hacen que valga la pena la visita.
 
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