martes, 31 de enero de 2012

El escenario

Un desfile no es sólo ropa. Tan importante como la colección será la escenografía, la música, el maquillaje o las propias modelos. En el fondo no deja de ser un espectáculo y como en una obra de teatro todo cuenta, no basta con un buen guión. En este sentido, Ifema ofrece pocas posibilidades a la imaginación de los diseñadores, pero no los desfiles en el off, que se abren a prácticamente cualquier espacio de la ciudad.


El dúo Alvarno ha celebrado hoy su quinto desfile en Madrid y esta vez nos ha vuelto a sorprender con una nueva localización. Sus prendas se habían paseado previamente por el Palacio de Fernán Núñez, por el Círculo de BB.AA., el Hotel Villa Magna y el Museo del Traje.
Hoy fue el turno de la residencia del embajador francés que ha emulado -por unas horas y según su nota de prensa- la privacidad de los salones de la alta costura francesa.

Cita en el Museo

Está claro, no es la cuarta pasarela más importante del mundo, pero es nuestra pasarela. Con sus cosas buenas (que las hay) y sus aspectos a mejorar, Cibeles pienso tardar en acostumbrarme al nuevo nombre ya está aquí.

El calendario oficial dice que este año empieza en miércoles, pero lo cierto es que la fiesta de la moda pasarela ya ha comenzado con desfiles fuera del pabellón 14. Y es que si algo caracteriza a esta edición –además del nuevo nombre y de un adelanto de fechas- es la gran concentración de desfiles en el off.


En el off, o lo que es lo mismo fuera de Ifema y sin el consiguiente apoyo económico. Esta edición concretamente el 25% de los desfiles tendrán lugar fuera del marco oficial de la Mercedes Benz Fashion Week (veis, demasiado largo).

Un pase de Alberto Puras.

Varios de estos desfiles off se han agrupado (la unión hace la fuerza) bajo el nombre de Madrid Fashion Show y ayer se celebraron los primeros en el Museo del Traje. Las creaciones de Alberto Puras, Jorge Acuña y las pieles de Santiago del Palacio desfilaron en el hall de ese maravilloso edificio que alberga al museo.

Las pieles de Santiago del Palacio.

Algo que me llamó especialmente la atención en la cita de anoche fue el front row. Santiago del Palacio atrajo a una legión de fieles admiradoras de sus creaciones y lo mismo sucedió con Jorge Acuña. A su estreno sobre la pasarela no faltaron Tamara Falcó, Carmen March, Mar Flores, Vega Royo-Villanova

Y ésta es la sutil diferencia a la que me refería. Jorge Acuña, por ejemplo, se lanza a la pasarela cuando ya tiene tras de sí un negocio y una amplia red de clientas y admiradoras. Pero como hoy no vamos a entrar en el debate del desfile como medio o como fin, os dejo con algunas imágenes de su propuesta en la que princesas y caballeros de moderna armadura se hicieron con la sala:






Este vestido de terciopelo verde musgo, de escote asimétrico y volúmenes sobrepuestos, era una maravilla.

Fotos: Shopaholic
lunes, 30 de enero de 2012

Paule Ka, una historia con nombre de baile

Las mujeres vienen a mí y yo sólo me encargo de transformar mi sueño en su realidad. Serge Cajfinger tiene muy claro lo que buscan sus clientas y no es de extrañar, trabaja con ellas desde hace casi cuarenta años, cuando su madre y su tía decidieron abrir una boutique multimarca en Lille.
Pero su experiencia en el mundo de la moda viene de más atrás, se remonta a cuando tenía sólo 14 años. Este hombre simpático y parlanchín aprendió mucho de lo que ahora sabe gracias al mejor maestro que podía encontrar en esa época, Yves Saint Laurent.

Con la versión larga de este vestido me casaría ahora mismo.

Habla de aquel periodo de su vida con normalidad, y es que fueron una sucesión de hechos naturales los que le han convertido en lo que es hoy. Su madre adoraba la ropa y siempre le llevaba con ella de compras; como era lo lógico en 1968, una de sus boutiques preferidas era Yves Saint Laurent. Y es precisamente en su tienda Rive Gauche donde Serge comenzó encargándose del escaparatismo, tras demostrar en sus visitas que tenía muy buen ojo para ello.

Serge Cajfinger en Madrid.

Años después llegó su propia boutique, Paule Ka (pronúnciese pol-ka), que tomaba el nombre de su tía y el apellido familiar. Un espacio multimarca del que colgaban los grandes nombres de la época: Yves Saint Laurent, pero también Mugler, Montana, Alaïa, Kenzo… A Cajfinger le gustaba mezclar- Yo adoraba colocar una chaqueta recta de Saint Laurent con un pantalón de Kenzo–, recuerda. Precisamente esas mezclas audaces, en una época en la que las mujeres vestían de pies a cabeza del mismo diseñador, le granjearon cierta fama entre las mujeres que acudían a él en busca de consejo para combinar.


El siguiente paso natural fue comenzar a diseñar él mismo las prendas que creía necesarias para sus clientas. En 1987 deja atrás Lille para lanzarse a una nueva aventura al convertir Paule Ka en su firma propia.


Como Yves Saint Laurent, tiene muy claro que no es un artista y que sus creaciones no existen sin una mujer real que las lleve. Defiende que todas quieren verse guapas; ahora y en los años 70. Y es precisamente esta premisa la que ha guiado su negocio durante todos estos años hasta convertirse en la gran empresa de 150 trabajadores que es ahora.


De antes y de ahora habla y habla sin parar y uno podría quedarse escuchándole toda la tarde. Le pregunto sobre las diferencias entre el antes y el ahora y afirma rotundo que en el siglo XXI las mujeres saben mucho más. Saben lo que quieren y no están dispuestas a pagar por algo que no valga la pena. Tampoco van a perder su tiempo. Quieren estar bellas y tienen muy claro cómo conseguirlo.


Paule Ka viste a mujeres elegantes y atemporales, pero siempre con un twist. Mezclando androginia y feminidad, sus prendas cuentan continuamente la misma historia eso sí, con nuevos marcos cada vez. Su colección Black Carpet, una línea superior dedicada a ocasiones especiales, está destinada a hacer las delicias de todas las que quieran conseguir esa elegancia que parece evidente, pero que nunca lo es.


A Madrid ha llegado hace poco, inauguró su tienda en la calle Claudio Coello hace sólo unos meses, pero ya tiene una opinión formada sobre las madrileñas –Son muy elegantes; a simple vista parecen muy sobrias y serias, pero cuando las conoces descubres que saben divertirse como ninguna– afirma cuando le pregunto.


Ha llegado dispuesto a conquistar con su optimismo y buen humor, ese mismo que le empuja a dejar un poco de lado el negro, porque dice – El mundo ya es demasiado gris. Hoy necesitamos colores para soñar.

Algunos de sus vestidos Black Carpet.
Fotos: Shopaholic
Fotos de la colección: Paule Ka

jueves, 26 de enero de 2012

Una semana sin alma: De Dior a Valentino

Si algo ha caracterizado estos tres días en los que París se ha vestido de alta costura –ya no podemos llamarlo ni semana- ha sido la falta de vida. Esta nueva edición nos vuelve a dejar un regusto amargo y ganas de más. De más espectáculo y de más MODA con mayúsculas.
Parece que las cifras de ventas son bastante favorables desde hace un par de temporadas; las casas de costura afirman vivir un buen momento que se traduce en nuevas clientas y más negocio, pero no en más creatividad.


Si hablamos de almas creativas, tendremos que empezar por Dior, que perdió la suya hace un año. Esta temporada Bill Gaytten y su equipo han presentado una colección que, si bien es completamente correcta, carece de vida y emoción. Sus propuestas, inspiradas innegablemente en sus archivos, están vacías. A cada pase le falta la magia y la ilusión con que Galliano nos hacía soñar.


Si la escasa ornamentación ha sido noticia en Dior, en Chanel ha sucedido todo lo contrario. Probablemente rindiendo un homenaje a Lesage, Karl ha decorado sus creaciones con ricos detalles en una gama de azul que incluye más de 150 tonalidades, según el káiser.
El azul del cielo y, por qué no el de los vaqueros, en una serie de pases de apariencia ligera, relajada e informal -como el jean- pero dignas todas de un desfile de alta costura.


Le falta vida a la casa Valentino. Goza de una popularidad y un éxito del que no disfrutaba desde hace muchos año, cierto, pero sus propuestas carecen de fuerza sobre la pasarela. Esta vez viajan hasta los idílicos jardines en los que Maria Antonieta disfrutaba de sus flores.


Por otro lado tenemos a Versace, que vuelve a la costura tras muchos años de ausencia. Parece que a la casa de la medusa le ha venido bien el insuflo de aire dinero de H&M y con sus cuentas al día ha vuelto a desfilar. ¿Ha valido la pena el esfuerzo? Pues observen y me dicen que les parece: Amazonas del futuro que parecen sacadas de una película de ciencia ficción (o de uno de los sueños de juventud de Donatella).


Poco ha tardado Jean Paul Gaultier en rendir homenaje a Amy Winehouse, pero lo ha hecho de la mejor manera posible, con una colección que recoge su esencia y la transforma en ricas creaciones dignas de los salones más exclusivos. Esto sí es alta costura, ese rincón donde los sueños se hacen realidad.

También sabe mucho de sueños Tisci, pero los suyos son oscuros e inquietantes. Cuarta edición consecutiva que Givenchy presenta sus modelos de manera estática. Propuestas delicadas, meticulosas y con una fuerza que muy pocos creadores saben trasladar a sus diseños.

lunes, 23 de enero de 2012

La minifalda, Mary Quant, Twiggy y el Swinging London

Los años sesenta ha sido una de las décadas del siglo XX que más cambios y revoluciones nos ha traído. La lucha por la igualdad, el asesinato de Kennedy, los Beatles, la Guerra de Vietnam… Todos son hechos que marcaron una época y que culminaron en el movimiento contracultural hippie que a finales de los sesenta dio inicio a un nuevo periodo.

Twiggy en una imagen de estudio en 1968.

En esta década surge una nueva generación de jóvenes que no ha vivido las penurias de la guerra y que lucha por diferenciarse de sus predecesores a los que acusan de los desastres de años anteriores.

Precisamente es ese sentimiento de rechazo a todo lo anterior lo que se encuentra detrás de la nueva estética porque, como siempre, los grandes giros en la moda esconden detrás importantes revoluciones sociales.


En aquellos años Londres era uno de los epicentros culturales del mundo. El periodo de efervescencia que vivió la ciudad se conocería como Swinging London, una época de optimismo desmedido tras la austeridad de los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

Icónica imagen de Veruschka, fotografiada por Avedon en 1967.

Es precisamente en Londres donde una joven Mary Quant abre una tienda en la que empezó a vender creaciones de otros modistos para ofrecer más tarde sus propios diseños. Desde su local en King’s Road la visionaria inglesa y su moda rápida adaptada a los gustos de los más jóvenes fueron algunas de las causas que hicieron tambalearse a las arcaicas casas de costura.

Mary Quant trabajando en su estudio en Londres en 1967.

Pero dejemos a un lado la lucha entre costura y prêt-à-porter y centrémonos en la creación más célebre de Mary Quant: la minifalda.
La escueta prenda de ropa nació con afán de revolucionar al mundo sí, pero contrariamente a lo que se piensa su aparición (al menos al principio) no tuvo absolutamente nada que ver con la sexualidad. La minifalda nacía como un elemento más de rechazo. Los jóvenes rechazan la generación de sus progenitores y se aferran a su infancia. Se niegan a crecer y a convertirse en lo que tanto detestan: en sus padres.


Frente a los suntuosos vestidos de vuelo, a los talles ceñidos y a las faldas con metros y metros de crinolina, la nueva generación apuesta por faldas cortas, medias y leotardos de colores y merceditas con pulsera que recrean un look naïf que nada tiene que ver con las connotaciones sexuales que después se le atribuyeron.

Twiggy a su llegada a Estados Unidos en 1967.

Mary Quant (que se disputa el honor con Courrèges) fue la creadora del look, y éste se vio perfectamente reflejado en Twiggy, la modelo del momento que encarnaba a la perfección todos los valores de la nueva generación. De estética aniñada (al fin y al cabo comenzó su carrera con sólo 17 años), piernas largas y pose desgarbada, se convirtió en una de las primeras modelos conocidas por el gran público. La joven Twiggy, que vivía al norte de Londres con sus padres, cobraba 180 dólares al día. Y esa suma, en 1966, la hacía una de las modelos mejor pagadas de la historia. Llegó a ser un verdadero icono y cuando viajó por primera vez a Estados Unidos se la recibió como si de una estrella del pop se tratase. Ella se convirtió en una celebridad y la minifalda en un icono que no ha vuelto a desaparecer de nuestros armarios.

De izquierda a derecha, minifalda en el desfile de Tom Ford para Gucci en el 2003; una de las creaciones de Karl Lagerfeld para Chanel; Helena Christensen desfilando para Versace en 1993; y una minifalda bicolor de Alaïa de su colección de 1991.

viernes, 20 de enero de 2012

Estilismos contra el frío

Nueva ola de frío, así que no queda otra: Alternativas muy estilosas al manido recurso “capas de cebolla”:

Trenca de colegiala en The Kooples (que me tiene enamorada) y abriguito verde de Burberry Prosum.

Una opción muy práctica y sencilla siempre será inspirarse en el armario masculino. Abrigo clásico o trench; mejor si añadimos algún detalle divertido.

Un gorro siempre vendrá bien. Estilo ruso para las más frioleras o tipo boina, para lucir.

¿Y colores? Sí, por supuesto. Algunas ideas en los estilismos de net-a-porter.


Y si no, siempre nos quedarán los jerséis de lana bien calentita debajo del abrigo (por supuesto si son de renos, ¡mucho mejor!).

miércoles, 18 de enero de 2012

Campañas Primavera-Verano 2012 (2ª parte)

Hoy, sin más preámbulos, la segunda parte de las campañas primavera-verano 2011 (aquí la primera tanda):

D&G
Samantha Gradoville, Simone Nobili, Alfred Kovac, Valerija Sestic y Patrycja Gardygajlo por Giampaolo Sgura
OK porque… es la última campaña de D&G y me pongo melancólica. Tanto meterme con sus fotos superpobladas de modelos felices y al final las echaré de menos.

Givenchy
Mariacarla Boscono y Gisele Bündchen por Mert&Marcus
OK porque… Gisele se convierte en una sirena tenebrosa, fotografiada minutos antes de entrar al mar a surfear.

Gucci
Abbey Lee Kershaw y Karmen Pedaru por Mert&Marcus
KO porque… Esto ya lo hemos visto MUCHAS veces. Señores Alas y Piggott, les ruego prueben algo nuevo (y por favor, olvídense de ese filtro irreal que endosan a todas sus fotografías últimamente).

Tom Ford
Mirte Maas y Mathias Bergh por Tom Ford
KO porque… simplemente porque Tom Ford con su línea de cosméticos y perfumes nos tiene acostumbrados a campañas mucho mejores.

Yves Saint Laurent
Mariacarla Boscono por David Sims
OK porque… ¡Mariacarla está soberbia!

Nina Ricci
Raquel Zimmermann por Inez&Vinoodh
OK porque… me encanta la composición milimétricamente estudiada. Las columnas, la barandilla, las sombras… y escapando del encuadre una mujer, corriendo con un vestido de gasa volando tras ella.

Mulberry
Frida Gustavsson y Lindsey Wixson por Tim Walker
OK porque… si esta temporada se llevan los tonos pastel, qué mejor que inundar las imágenes de golosinas a tamaño XXL…

Balenciaga
Laura Kampman por Steven Meisel
OK porque… una habitación destartalada como escenario perfecto para una campaña que realmente capta el espíritu del estilo de Ghesquière para Balenciaga.

Salvatore Ferragamo
Gisele Bündchen por Mikael Jansson
OK porque… por los colores. Sencillo pero efectista.

Miu Miu
Mia Wasikowska
OK porque… el fucsia da muy buen rollo (y más todavía si se mezcla con amarillo). Me gusta su punto kitsch y por Mia Wasikowska, prácticamente irreconocible. 

lunes, 16 de enero de 2012

¡Oh, esos felices años veinte!

Hace cuatro temporadas llegaron hasta nosotros los cincuenta, con sus faldas de vuelo siguiendo el rastro del new look; el pasado verano viajamos a los setenta de Studio 54 y en invierno hasta los sesenta más mood con Prada o Bottega Veneta. No es nada nuevo que nos gusta echar la vista atrás y que cualquier tiempo pasado siempre tiene un brillo mucho más atrayente.


Esta vez, para la primavera 2012 vamos un poco más allá en el tiempo. Este verano revistas, editoriales y campañas se trasladarán ya están en ello a los felices años 20. Dorada época de excesos en la que todos pretendían vivir el doble para recuperar los años perdidos durante la guerra. Emancipación, liberación y una nueva mujer que piensa por sí misma, que fuma y vota y se ha dado cuenta que puede valerse ella sola. Las flappers nacen libres de restricciones, dispuestas a comerse el mundo con su nuevo corte de pelo garçon, sin corsés y con vestidos que se desprenden del cuerpo. Todo para poder bailar hasta el amanecer a ritmo de jazz.


Los vestidos de talle caído, los motivos geométricos que tan bien exploró Vionnet, los suaves metalizados, el interés por el deporte… Nos inspira el estilo de ellas, pero también el de ellos. Zapatos oxford de colores, trajes chaqueta en tonos suaves; chalecos, corbatas… En Ralph Lauren saben cómo conseguirlo: buscando inspiración en los toques pastelosos de la adaptación cinematográfica de 1974 de El Gran Gatsby.


Precisamente este revival tiene mucho que ver con el cine: Con El gran Gatsby del 74, pero también con la nueva versión de Baz Luhrmann que llegará este año; con The Artist (como no), y con la pequeña pantalla (Boardwalk Empire, Downton Abbey…). También lo hemos visto en la pasarela, sobre todo en Gucci (con un “tal cual”), en Ralph Lauren, en Etro y hasta en Chanel.



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